Las rutas del arte de la Sierra de Francia: Camino de los Prodigios

Camino de los Prodigios

Hoy terminamos nuestra ruta por las 4 rutas del arte de la Sierra de Francia. Dejamos para el final la más larga de las rutas, el Camino de los Prodigios, que discurre entre Miranda del Castañar y Villanueva del Conde.

El inicio de la ruta se realiza desde la plaza Mayor de Miranda del Castañar por la calle de la Alhóndiga situada frente al castillo y junto a la puerta de San Ginés. Tras bordear la muralla, el paseo enseguida se encamina sobre el empedrado de los antiguos caminos que llevaban hasta los campos de labor. En mitad del descenso, nos toparemos con la primera de las camas que Alfredo Omaña ha ido sembrando a lo largo del recorrido.

Inicio de la ruta

Inicio de la ruta

A la izquierda veremos un desvío que nos lleva de vuelta a Miranda. Este desvío forma parte del camino de regreso de la ruta. Nosotros continuaremos bajando hacia la carretera SA-225, la que atravesaremos para adentrarnos en la naturaleza. Cruzaremos un pequeño puente sobre el arroyo de San Benito (afluente del río Francia) y junto a él otra de las “camas prodigiosas” de Alfredo Omaña. Una de las más conocidas de la ruta y la más fotografiada.

Cama prodigiosa

Cama prodigiosa

Ahí el camino se bifurca. Quienes quieran hacer la versión breve torcerán hacia la izquierda para seguir hasta el punto en el que el arroyo confluye con el río Francia, y acometer desde allí la subida hasta Miranda. Habiendo recorrido unos 2 km.

Los que quieran hacer el camino completo, el paseo sigue de frente para encarar el suave ascenso hasta Villanueva del Conde. A medida que vamos ascendiendo en altura podremos disfrutar de las hermosas vistas sobre Miranda del Castañar y la lejana Sierra de Béjar. Y como no, de nuestras amigas las camas que van cambiando de aspecto a medida que avanzamos por el camino.

La siguiente parada nos lleva a otra de las obras, en este caso del Félix Curto, que nos invita a pensar con fragmentos de Unamuno plasmados en diferentes bancos. Una obra muy práctica para descansar después de la subida.

Bancos con poemas

Bancos con poemas

Seguimos nuestro camino hacia Villanueva del Conde, y en otra explanada encontramos una cama, pero en este caso un poco más alta de lo normal. Esta vez no podremos probar como de cómoda es para dormir.

Cama alta

Cama alta

Las casas a lo lejos nos dicen que ya queda menos para llegar al pueblo, pero antes podremos ver esta cama atravesada por un árbol.

Cama en un árbol

Cama en un árbol

Llegamos a Villanueva del Conde, a la entrada tenemos una fuente donde refrescarnos un poco del calor del verano. Además de un estanque decorado con unos peces obra de Marcos Rodríguez, cuyo cartel nos dice: “Si deseas dar más vida a los peces, mójalos”. Que nos invita a descubrir otro de los prodigios de la ruta.

Estanque de peces

Estanque de peces

Antes de continuar con la ruta, dimos un paseo por el pueblo, cuyo trazado y casas mantiene el aspecto de la arquitectura serrana. En una de las plazas del pueblo encontramos un frontón pintado como si fuera un bosque. Obra que pudimos contemplar pausadamente sentados en la terraza del bar La Posada del Hidalgo, mientras recuperábamos fuerzas con un par de tapas de estofado y carrillada que acababan de sacar en ese momento de un horno de leña.

Villanueva del Conde

Villanueva del Conde

Tras recuperar fuerza, buscamos las señalizaciones que nos marcaban por donde continuar con la ruta. La salida del pueblo nos lleva hacia la Bodega Cámbrico, una de las bodegas que forman parte de la ruta del vino de la Sierra de Francia. No teníamos tiempo para una visita pero tenía buena pinta, ya solo por el entorno en el que se encontraba.

Bodega Cámbrico

Bodega Cámbrico

A medida que vamos bajando el ruido de los pájaros, empieza a sonar más metálico. Extrañados por el sonido nos damos cuenta que entre las copas de los arboles habían instalado algunas campanas de vientos para amenizarnos la bajada.

Dejamos un poco nuestras amigas las camas, para descubrir otras de las esculturas curiosas. En este caso toca un pez gigante dibujado sobre una gran roca y un dragón centenario sobre un olivo. Que custodia unas rocas pintadas formando unos “huevos de oro”.

Pez de piedra

Pez de piedra

Dragón milenario

Dragón milenario

Terminamos la bajada y en la explanada que se abre encontramos esta curiosa escultura de una tortuga con sus crías eclosionando de los huevos.

Tortugas con sus crías

Tortugas con sus crías

Pensábamos que se habían terminado las camas, pues aquí tenemos otra bastante original. Con una escalera de mano que suben al cielo.

Cama al cielo

Cama al cielo

Llegamos de vuelta al arroyo de San Benito, aunque el camino nos indica que no volvamos por donde vinimos sino que nos da un pequeño rodeo (será que hemos hecho todavía pocos kilómetros). El camino sigue el cauce del arroyo hasta su desembocadura en el río Francia (el lector avispado podrá suponer que la Sierra de Francia se llama así por el río, no por el país ni por las tropas napoleónicas, ni nada parecido)

Tras llegar al río Francia, la ruta prosigue hasta la carretera para continuar por el camino que vimos al comienzo de la misma. Estaba a punto de decirle a mi padre que bajara con el coche a la carretera para buscarnos y ahorrarnos la subida, pero todo sea por mis lectores, no digan que no he hecho la ruta completa.

Ermita de la Virgen de la Cuesta

Ermita de la Virgen de la Cuesta

Después de unos minutos y unas cuantas paradas llegamos a la Ermita de la Virgen de la Cuesta. Y tras ella otra casa con su fachada pintada como la que vimos en Villanueva del Conde. Llegamos al final del camino, justo a la hora de ir a comer.

Más información

Web de la ruta: http://www.dipsanet.es/turismo/rutas/caminodelosprodigios/

El recorrido circular tiene 10,2 km, por lo que tardaremos 4 horas en recorrerlo. El camino tiene bastantes pendientes, por lo que si no estamos en forma nos llevará más tiempo. Por suerte hay varios sitios donde poder parar y tomarse un respiro, y si no a las malas te puedes tumbar en alguna de las camas.

El paisaje está formado por robles y castaños, y unos cuantos arroyos, por lo que la mejor fecha del año para hacer la ruta es en otoño o primavera, cuando cambia el paisaje por completo.

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