Ruta por Cantabria: ¿Qué ver en Santillana del Mar?

Santillana del Mar

Cuando empezamos nuestro viaje por Cantabria teníamos claro que una de las visitas obligadas era sin duda Santillana del Mar, conocida como la villa de las tres mentiras, debido a que no es santa, no tiene mar ni tampoco es llana. En cambio, lo que si tienes son calles empedradas, casas señoriales, un trazado medieval, y por desgracia muchos, pero que muchos, turistas. Lo que le hace uno de los destino más visitados de la comarca, algo que si le añadimos la existencia en su término de una de las cuevas rupestre más importantes del mundo, la Cueva de Altamira, le hace que no te puedas ir de Cantabria sin pasar por Santillana del Mar.

¿Cómo llegar a Santillana del Mar?

– En coche

Debemos toma la autovía A-67 a Torrelavega, hasta la salida de Requejada (salida 187), se continua en dirección a Barreda, donde se gira a la derecha para tomar la CA-131 con destino a Santillana el Mar. Si no disponemos de coche, podemos alquilar uno desde Madrid o Santander para poder llegar. En Rentalcars podemos comparar los precios entre las diferentes empresas de alquiler de coche y alquilar el más económico para el viaje.

– En transporte público

Si salimos desde Santander, tenemos una línea que recorre el norte de Cantabria, pasando por Santillana, Comillas y San Vicente de la Barquera. Tres de los pueblos más bonitos de Cantabria (pero no los únicos).

¿Qué ver en Santillana del Mar?

La cercana Cueva de Altamira, demuestra que Santillana del Mar se ubica en una zona poblada desde hace más de quince mil años.

Por esta villa pasaba la calzada romana que unía los puertos costeros de Portus Verasueca (San Vicente de la Barquera), Portus Blendium (Suances), Portus Victoriae (Santander) y Portus Amanum, más tarde Flavióbriga (Castro Urdiales).

Durante la invasión musulmana la localidad se llamó Planes, y en ella fueron depositadas las reliquias de Santa Juliana, mártir cristiana de principios del siglo IV. Para albergar estas reliquias se construyó en el siglo IX una abadía dependiente directamente de la Corona astur. Al poco tiempo de crearse este monasterio fue cayendo en el olvido el nombre de Planes, sustituyéndose por el de la propia santa, que derivaría con el tiempo en Santillana.

Los monarcas asturianos y los condes castellanos siguieron protegiendo al monasterio hasta transformarlo en colegiata. Además, con la concesión de un fuero por el rey Alfonso VIII de Castilla, la villa pasó a ser “de abadengo”, es decir, a depender del abad de la misma.

En el siglo XV, don Íñigo López de Mendoza fue nombrado marqués de Santillana, recibiendo con este título la jurisdicción sobre la villa. Sus descendientes, los duques del Infantado, mantuvieron ese privilegio hasta la supresión de los señoríos en 1837.

Santillana del Mar volverá a conocer el esplendor a finales del siglo XVII y, sobre todo, durante el siglo XVIII con la vuelta de los indianos, aquellos emigrantes que fueron a América y trajeron una gran fortuna con el que se construirán magníficos palacios. En la misma época los escritores Amós de Escalante y Benito Pérez Galdós, así como destacados miembros de la burguesía madrileña, restauraron algunas casas y se instalaron como veraneantes en la población. Este incipiente turismo se dispararía con el descubrimiento de las pinturas rupestres de las Cuevas de Altamira en 1879.

Una vez nos bajamos en el apeadero del autobús, nuestra primera parada es el Convento de Regina Coeli, actual Museo Diocesanos. Curiosamente en este pueblo tan pequeño podemos encontrar bastantes museos. En este caso, se encuentra dedicado a la imaginería religiosa.

Siguiendo por la calle de Santo Domingo, encontramos a la izquierda el Palacio de Peredo-Barreda (sede del centro cultural de Caja Cantabria), y la derecha la casa de los Villa.

Arquitectura de Santillana del Mar

Arquitectura de Santillana del Mar

Llegando a la calle Juan Infante, encontramos una bella estampa de casas balconadas llenas de flores, que termina en la Plaza Mayor. Principal centro de la villa, destacan las Casas del Águila y la Parra, y justo enfrente el parador Gil Blas. Algo que no puede falta, es el Ayuntamiento presidiendo la plaza, junto a La torre de don Borja (sede la fundación Santillana) y la torre de Merino.

Siguiendo en dirección a la Colegiata encontramos La torre de Velarde, del siglo XV y el Palacio de Valdivieso del siglo XVIII. Desembocamos a la calle “del Rio”, que desciende hacia un curioso abrevadero, a cuya derecha encontramos las Casas de los Cossio y los Quevedo, de finales del XVII.

Después de tantos palacios, llegamos a la Casa de los Abades, y la Colegiata románica de Santa Juliana, del siglo XII. Seguramente os preguntaréis que es una Colegiata, pues no hace falta que mires en la wikipedia que ya te lo digo/miro por ti, es una iglesia con abad y canónigos, que no es sede obispal. Aunque más allá de su status, pasa por ser uno de los templos más bellos de la cornisa cantábrica. Tras pagar la entrada podemos visitar su claustro interior.

Colegiata de Santa Julia

Colegiata de Santa Julia

Para terminar con la villa podemos ir a La Plaza de las Arenas, donde destaca el Palacio de los Velarde. Pero sobre todo uno de los museos más interesantes de Santillana, es el Museo de la Tortura. Será fácil de encontrar por el esqueleto que hay a la entrada. Este museo recoge instrumentos de tortura de uso común por la inquisición, además de otros traídos de Alemania durante la época nazi. Así que si no tienes el estomago sensible es una buena visita.

Museo de la Tortura en Santillana del Mar

Museo de la Tortura en Santillana del Mar

Una vez recorrido las principales calles de la villa, la siguiente parada es acercarnos a la Cueva de Altamira.

Cuevas de Altamira

Cueva de Altamira

Para llegar debemos coger el camino Barrio Herrán (está bien indicado como llegar), la entrada al museo Altamira se encuentra a dos kilómetros. Para la visita es imprescindible, coger las entradas con antelación, ya que el horario de visitas no es muy amplio y se hace en grupos reducidos por lo que nos podemos quedar fuera. Los sábados por la tarde y los domingos la entrada es gratuita (ya sabes cuando fuimos nosotros).

Hay que tener en cuenta que la cueva que se visita es una réplica de la original, el motivo se puede ver en la propia réplica. Una gran brecha que corta el techo de la cueva. La entrada nos da acceso al museo con los restos encontrados y la réplica, así que cada uno saque sus conclusiones si le interesa pagar la entrada o no.

Si bien, existe una posibilidad de visitar la cueva original. Durante los viernes, se elige aleatoriamente 5 personas de las que estén visitando el museo para poder visitar la cueva real. Esta visita dura 37 minutos, e implica un estricto protocolo de indumentaria e iluminación, y con un recorrido y tiempos de permanencia definidos para cada zona de la cueva.

Más información

Dónde comer

Todo el pueblo vive para el turismo por lo que las calles principales están llenos de restaurantes, así que no tendréis ningún problema a la hora de comer, además el precio está bastante bien. Si queréis llevaros una caja de “Sobaos”, no lo cojáis en los puestos, ir al supermercado (hay uno al lado del colegio, fuera de la zona turística) que cuestan la mitad.

Dónde dormir

Si no quieres perder el tiempo buscando entre los de alojamientos de la villa, te lo ponemos fácil aquí tienes los alojamientos más interesantes de Santillana del Mar.

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Un comentario

  1. Malala dice:

    Acabo de pasar 3 dias marvillosos en esa ciudad, digna de visitar y pasar una noche
    Muy recomendada
    Gracias por su informacion

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